
Aquamación: Escocia es pionera y legaliza la cremación en agua
Por Pablo Esteban - El aparato para la aquamación. (Getty Images)
Una opción amigable con el ambiente que busca implementarse en varios países
El cuerpo se sumerge en una sustancia alcalina y se descompone sin utilizar fuego. El procedimiento simula a la sepultura y finaliza en cuatro horas. Las controversias bioéticas en torno al nuevo método.
Escocia se convirtió en el primer país del Reino Unido en legalizar la hidrólisis, cremación en agua, o bien, como coloquialmente es conocida: “aquamación”. En vez de utilizar el fuego para reducir el cuerpo de los difuntos a cenizas, se propone el agua y se prescinde de la combustión. A partir de sustancias alcalinas, se consigue una descomposición en pocas horas y tiene la ventaja de ser más sustentable. Se estima que reduce las emisiones de gases tóxicos en un 35 por ciento y el uso de energía en un 90 por ciento. El procedimiento ya se practica en EE.UU., Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Irlanda y Sudáfrica; mientras que se impulsa desde Bélgica, Gales o Reino Unido, aunque aún sin un sustento normativo vigente.
Si bien la aquamación se emplea en otras partes del mundo y se ofrece como servicio alternativo, Escocia dio un paso importante al incluir la nueva opción de “funeral verde” en el abanico de posibilidades de última despedida. A la fecha, conviven dos métodos: la tradicional sepultura, que resiste desde tiempos inmemoriales por su ligazón a las religiones, y la cremación, practicada en buena parte de las naciones occidentales y menú hegemónico desde hace décadas. De hecho, Escocia implementa el fuego desde 1902.
No obstante la técnica de la cremación en agua se utiliza desde los 90, siempre ocupó un lugar secundario. Por caso, se la empleaba como destino final para los animales que habían participado de experimentos científicos. Uno de los primeros casos que recorrió el mundo fue el de Desmond Tutu, el arzobispo sudafricano referente de la lucha contra el apartheid y premio Nobel de la Paz que, a fines de 2022 solicitó a sus familiares que optaran por la aquacremación cuando muriera y de esa forma sucedió.
Cómo es el procedimiento
Durante la aquamación, un tambor plateado, brillante y poderoso imita la descomposición que el cadáver tradicionalmente tiene cuando es enterrado. El mismo procedimiento que afronta el organismo en años, la tecnología lo resuelve en cuatro horas.
A diferencia de la cremación, en vez del fuego, lo que actúa es el agua. El cuerpo se sumerge en un cilindro metálico cerrado y se deja colonizar por una solución alcalina (al 5 por ciento), usualmente cloruro de potasio. A 150 grados, se descompone el organismo del fallecido, a excepción de los huesos, que se secan, se pulverizan (en una máquina denominada cremulador) y se colocan en una urna, que finalmente puede ser atesorada o desechada por familiares y deudos.
Las autoridades escocesas manifestaron, de cualquier modo, que llevaría un tiempo poder implementar la iniciativa. Por un lado, porque el nuevo proceso de cremación en agua deberá pasar los mismos exámenes regulatorios (higiene y seguridad) que, por ejemplo, deben cumplir los crematorios. Las casas velatorias deberán contar con el sistema instalado y capacitarse en su utilización. Por otro lado, lo de siempre: la cultura. Las costumbres de las poblaciones no cambian de la noche a la mañana por una nueva legislación que habilite un comportamiento.
Asimismo, hay que tener en cuenta todos los aspectos bioéticos que se vinculan con el acto de morir. Las controversias en torno a cada nuevo método y la posición de actores de relevancia como las religiones que, durante largos siglos, han tenido la potestad de gestionar aquello que ocurría con los difuntos y la manera de despedirlos y luego rememorarlos.
Mirada local
Consultado por Página/12, Ignacio Maglio, abogado especializado en bioética, plantea que existen dos enfoques. Por un lado, el jurídico: “En Argentina, el artículo 61 del Código Civil, a partir de 2015, establece lo que las personas pueden hacer en relación a la disposición del cuerpo. Regula las circunstancias de las exequias, ya sea la inhumación del cuerpo, la donación para fines terapéuticos, científicos, pedagógicos”. Y continúa con el detalle: “Existe algo que se puede denominar como poder de policía mortuoria, que actúa en cada jurisdicción puntual. En Ciudad de Buenos Aires está vigente la Ley 4.977 que plantea que para las cremaciones siempre hay que esperar un período mínimo de 24 horas en el caso de muerte natural. No está prevista la aquamación”. Esto es: cada jurisdicción tiene la posibilidad de escoger el método, solo que debe estar incorporado a la norma.
Por otra parte, Maglio comparte el aspecto bioético y su punto de vista si se extendiera el empleo de esta técnica a países como Argentina: “Así como en la cremación los restos se depositan en una urna, para el credo católico deberían ser colocados en osarios o en templos reservados para esta actividad. Pienso que habrá que respetar las creencias, los valores, las convicciones de cada persona. Un derecho a disponer del propio cuerpo, a respetar la autonomía.”.
A priori, sobre todo a los ojos de estas latitudes, podría parecer innecesario dar este tipo de discusiones. Sin embargo, el modo en que se vive la muerte habla mucho más de las sociedades de lo que estas estarían dispuestas a admitir.