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Del menudo al freezer: la voz de David, un pollero de barrio en tiempos de crisis

#LaMesaEnCrisis

Del menudo al freezer: la voz de David, un pollero de barrio en tiempos de crisis

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La Vereda (x donde todos pasan) salió a recorrer y escuchar a los protagonistas de la vida cotidiana. En esta ocasión, Juan Médica dialogó con David, dueño de una pollería que lleva siete años abierta junto a su esposa.

David cuenta que lo más lindo de su oficio es el contacto permanente con la gente, la charla diaria y la satisfacción de ver al cliente conforme. Lo más difícil, en cambio, es la exigencia de estar siempre presente, incluso en feriados, con la sensación de ser “medio esclavo” del negocio.

El consumo de pollo sigue siendo alto porque se mantiene como una carne relativamente barata. Sin embargo, la crisis se nota: lo que antes se compraba para los animales —menudos y carcasas— hoy se lleva para el consumo familiar.

 “Antes venían a buscar carcasa para los perros, ahora mucha gente la lleva para comer”, explica David. La pechuga y las milanesas siguen siendo las preferidas, pero los cortes más económicos son los que primero salen.

La forma de pago también cambió: el 80% de las operaciones se hacen con débito o transferencia, y casi nada en efectivo. Los precios, en tanto, se vuelven cada vez más difíciles de sostener. “El pollo venía aumentando de a poco, ahora pega saltos grandes que no se veían”, señala.

El consumo se reparte entre quienes compran grandes cantidades para todo el mes y quienes se acercan día a día con lo que pueden: 5.000 pesos de milanesa, 2.000 de alitas. En la zona hay varias pollerías, lo que obliga a competir por precios y fidelidad. “Hoy la gente busca precios, aunque también hay quienes valoran la calidad”, resume David.

Como consejo, advierte sobre un error común: guardar el pollo fresco en la heladera más de tres días. “Lo ideal es ponerlo directamente en el freezer, donde dura hasta tres meses sin problemas”, recomienda.

La voz de David refleja una realidad que atraviesa a miles de pequeños comerciantes: sostener un negocio en medio de la crisis, adaptarse a los cambios de consumo y enfrentar el desafío de mantener precios accesibles. Su testimonio es parte de esa radiografía social que muestra cómo la economía golpea directamente en la mesa de las familias.

 

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