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El TEA existe por igual en varones y chicas

Por Pablo Esteban - El autismo es proporcional en chicos y chicas.

El TEA existe por igual en varones y chicas

Por Pablo Esteban - El autismo es proporcional en chicos y chicas.

Un estudio tumba el mito de que el autismo es más común en los hombres

Científicos suecos analizaron 3 millones de casos: entre los masculinos se detecta antes pero a la larga, los géneros se igualan.

Según un nuevo estudio, la cifra de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) es similar para chicos y chicas, aunque en los primeros se diagnostica antes. El trabajo, difundido en la prestigiosa publicación académica British Medical Journal (BMJ), plantea un punto de inflexión al cuestionar, como habitualmente se dice, que el TEA sea un trastorno más común entre los varones. Al mismo tiempo, abre los interrogantes: ¿por qué en las niñas se advierte más tarde? ¿Cuáles son las causas de ese subregistro temprano?

El artículo se basa en el examen de una base de datos amplia compuesta de 2,7 millones de individuos. Los científicos a cargo de la investigación arrojan luz al respecto: si bien hasta los 10 años los chicos tienen una prevalencia de 3 a 1 casos en relación a las chicas, luego todo se equipara conforme transcurre el tiempo. Tanto que, si se estira la observación, a los 20 años, la proporción de personas con autismo es prácticamente la misma para ambos sexos.

En concreto, para el estudio se tomó a personas nacidas en Suecia entre 1985 y 2020; y se les realizó seguimiento hasta los 37 años. Como resultado, más de 78 mil pacientes, durante ese lapso, recibieron por parte de médicos algún diagnóstico relacionado con TEA. Observaron que, mientras la mayoría de los varones se anoticiaba de su condición entre los 10 y los 14 años, las mujeres lo hacían entre los 15 y los 19 años.

¿Por qué el subdiagnóstico en niñas?

El autismo se trata de una afección neurológica que suele manifestarse en la primera infancia y se caracteriza por la presencia de dificultades en la interacción social, la comunicación y la conducta.

Aunque históricamente se ha dicho que el autismo tiene una mayor prevalencia en niños que en niñas, a lo largo de los años y con mayor evidencia científica, la balanza parece haberse equilibrado de manera considerable. Si bien los datos son dispares según las fuentes que se tengan en cuenta, todos apuntan en el mismo sentido: la distancia entre chicos y chicas parece estrecharse.

Si a comienzos del siglo XXI el consenso se establecía en 5 varones por cada mujer, luego se fue desplazando en 3 a 1. Incluso, estudios como el realizado en Suecia invitan a pensar que la cuenta está mucho más compensada de lo que se cree, solo que a las mujeres los médicos se lo identifican y comunican después.

Al ser una condición que se manifiesta de manera muy heterogénea, puede que en las chicas cueste descifrarlo con precisión. Una de las hipótesis para explicar esa brecha de reporte en la primera infancia argumenta que las mujeres “lo enmascaran mejor”. Como la presión social es mayor sobre las chicas, la necesidad de encajar las hace simular un comportamiento más normalizado que en ellos.

La cultura machista observa en la tranquilidad y la reserva de las mujeres, rasgos vinculados a una feminidad deseada o esperable cuando, tal vez, podrían ser definidas como señales para atender. Sus síntomas, o bien, no se ven, o son referenciados como una característica propia de su carácter. Esta justificación es recogida en algunos trabajos, pero saben a poco. De una forma u otra, el subregistro redunda en la imposibilidad de un diagnóstico precoz que contribuya a una estrategia más efectiva de tratamiento y acompañamiento.

A ello se suma que los métodos de diagnóstico, por lo general, están basados en modelos estandarizados para chicos y no para chicas. Por lo tanto, si a la heterogeneidad propia de la condición se le suman las diferencias biológicas y culturales de uno y otro género, la subdetección del autismo está servida.

Recetas y heterogeneidades

De acuerdo a la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), a nivel mundial el promedio de niños y niñas con TEA es del 1 por ciento. Las manifestaciones clínicas y los signos son tempranos, tanto que pueden reportarse en los primeros dos años de vida.

El manual apunta que se trata de personas que no suelen expresar alegría a partir de los 6 meses; que no comparten sonidos, sonrisas y otras expresiones faciales a los 9 meses; que no balbucean a los 12 meses; que no realizan gestos vinculados a señalar, mostrar, alcanzar o saludar con la mano a los 12 meses; que no pronuncian palabras a los 16 meses; y que no formulan frases de dos palabras con intención comunicativa (sin imitar o repetir) a los 24 meses.

Sin embargo, ninguna persona es igual a otra y por lo tanto, la condición no se explicita de la misma forma en todos los casos. Como los pacientes con TEA poseen una serie de particularidades en el procesamiento sensorial, los modos de aprendizaje suelen ser atípicos y, sobre todo, diversos. Los ejemplos de niños y niñas con TEA que no manejan ni siquiera el lenguaje se hibridan con casos en que demuestran capacidades descollantes. Cuando se trata de TEA, la regla es que no hay regla.

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