
En María Teresa, donde el viento acaricia los silencios y las plazas guardan memorias, una mujer decidió que los años no pesan cuando el deseo de aprender florece. A los 77, Elda Chiecchio se convirtió en abogada. No por capricho, sino por convicción. No para sumar títulos, sino para demostrar que la voluntad puede más que cualquier calendario.

Su historia no nació en las grandes ciudades ni en los titulares ruidosos. Nació en el sur santafesino, en un rincón donde la educación se abre paso entre mates compartidos y sueños postergados. Elda es la primera egresada universitaria del Polo Educativo de la Comuna, y su logro es también el de una comunidad que apuesta por el conocimiento como herramienta de transformación.
“Empecé en 2018, terminé en julio de 2025. Antes pintaba, cosía, decoraba tortas. Pero quería algo más. Algo que me desafiara”, cuenta Elda, con esa mezcla de ternura y firmeza que tienen quienes han atravesado tormentas sin perder la sonrisa.
La pandemia le puso obstáculos. La burocracia, demoras. La vida, desafíos personales. Pero ella siguió. Porque sabía que la discapacidad no impide aprender. Porque entendió que el cuerpo puede cansarse, pero la mente tiene alas.
“La modalidad virtual fue clave. Estudiar desde casa, a mi ritmo, me permitió seguir adelante. Hoy hay muchas carreras online. Nunca es tarde para empezar”, aconseja con la sabiduría de quien ha vivido muchas vidas en una sola.
Antes de ser abogada, fue estudiante de veterinaria y agronomía en Buenos Aires. Luego, profesora en decoración de tortas y artesanías en azúcar. Su recorrido es un mapa de pasiones, de intentos, de logros. “Lo ideal hubiera sido terminar antes, pero lo importante es que llegué. Y llegué con esfuerzo”, dice.
Su familia, sus amigos, sus docentes: todos fueron parte. “Cuando flaqueaba, ellos me sostenían. Hoy puedo decir que la perseverancia lo puede todo”, afirma con gratitud.
La Comuna de María Teresa la homenajeó con un desayuno y un presente. El presidente comunal, Gonzalo Goyechea, junto a Danisa Perotti y Claudia Giachello, celebraron su ejemplo. Porque Elda no solo se recibió: sembró esperanza.
Su historia es un faro. Un recordatorio de que los sueños no tienen fecha de vencimiento. Que el saber no tiene edad. Que el sur también escribe epopeyas, y que a veces, la heroína tiene el pelo blanco y una mirada que abraza.

Fuente: Redacción - PMT