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Estos raros terroristas nuevos: diecisiete denunciados por el gobierno pero ninguno de los que arrojaron molotovs a los policías

Por Mauro Federico - Ivy Cángaro

Estos raros terroristas nuevos: diecisiete denunciados por el gobierno pero ninguno de los que arrojaron molotovs a los policías

Por Mauro Federico - Ivy Cángaro

El miércoles 11 de febrero, mientras se debatía y finalmente aprobaba la Ley de Modernización Laboral dentro del Senado, fuera del recinto los focos mediáticos estuvieron puestos sobre seis hombres que, parapetados detrás de unas maderas, arrojaron bombas incendiarias contra el cordón policial. De ese modo, rompieron una manifestación, lograron que todos se dispersen y desataron una cacería que aún continúa. El selectivo brazo de la represión no llegó hasta ellos y aún hoy se desconoce sus identidades. Sin embargo, la Ministra de Seguridad marcó con foto, nombre y apellido a otros manifestantes que, si bien estuvieron en la plaza, no fueron los lanzadores de botellas explosivas. El fantasma de los infiltrados para “pudrirla” vuelve a rondar sobre el método bulrrichista de represión de manifestaciones populares. Data Clave identificó a uno de los “molotovers”. ¿Se animarán a detenerlo?

Son los mismos de siempre, esos personajes rotos que salen del arrabal de la historia y solo un día, en un momento clave, pasan al centro de la escena y bajo todos los focos, como un ballet ensayado y con todo el tiempo a sus pies, “la pudren”.

Y entonces esos cinco, seis, no más de diez que nunca se sabrá quienes son ni quienes fueron o serán, corren del escenario a miles, a millones que no actúan, que son reales, que tienen nombre y apellido, historia y memoria, que están allí o apoyan desde lejos porque no quieren perder lo que tanto les costó conseguir a ellos mismos y a las generaciones que los precedieron.

Argentina tiene un largo historial de luchas obreras: desde fines del siglo XIX, ese tiempo que este gobierno tiene una nostalgia de cartón, cuando el país era para unos pocos y el trabajo esclavizante para todos los demás, cuando la pobreza era la norma y la penuria el modo, cuando nadie hablaba de derechos y solo algunos tenían privilegios; empezaron a alzarse las voces que vinieron a ordenar el panorama hasta entonces desolado. Voces de la ola de inmigrantes europeos que en sus pobres baúles traían algunas ideas libertarias, cuando ser libertario era ser anarquista, socialista o sindicalista. 

Ellos “la pudrieron” a su modo organizado: los panaderos, los picapedreros, los hacheros fueron los primeros, en los albores del siglo XX. Crearon sindicatos, armaron las primeras huelgas. La respuesta fue siempre la misma: represión, cárcel, muerte. Pero la acción colectiva pudo más y lograron las primeras conquistas, como no tener jornadas de doce horas o el pago en “moneda buena” y no en especias o monedas acuñadas por el mismo patrón. Luego se sucedieron derechos y hasta un incipiente estado de bienestar barrido a balazos. Y llegamos hasta hoy, cuando un gobierno propone volver al siglo XIX.

El miércoles 11 de febrero la ley de “modernización” laboral obtuvo media sanción en el Senado. Dentro del recinto se sucedieron discursos como el del senador Juan Cruz Godoy, el más joven de la Cámara y representante de LLA por el Chaco quien, sin ningún antecedente laboral y mucho menos empresario dijo: “La reforma laboral está buena porque, a partir de ahora, a un trabajador no se le reconoce su antigüedad y compite de igual a igual con un trabajador nuevo, al que se le puede pagar más barato”. O el la senadora Carolina Losada, por Santa Fe, ex periodista televisiva que votó por la anulación del Estatuto del periodista y dijo que “la peor esclavitud es el trabajo en blanco”. Penosos argumentos para defender la sanción de una ley que ni siquiera llegaron a leer porque el documento solo estuvo disponible un par de horas antes del inicio de la sesión.

La mirada de los medios -generadores de opinión pública y sentido común- debía fluctuar entre el Palacio y la calle, entre lo que pasaba dentro con los legisladores y lo que sucedía afuera, en la plaza, con los manifestantes. Sin embargo, lo externo copó la parada y dentro de él, lo puntual de cinco tipos que ni siquiera funcionaron como ejercicio de contar el todo desde la parte, eso llamado sinécdoque. Hoy, si alguien pregunta aleatoriamente a cualquier argentino acerca de qué sucedió el miércoles, pocos dirán que hubo media sanción para una ley que atrasa más de un siglo de conquistas, pero todos coincidirán en quejarse, en mayor o menor medida, porque en la calle hubo “quilomberos” o, refritando a la ministra Alejandra Monteoliva, “terroristas”.

La actual titular de la cartera de Seguridad de la Nación es digna sucesora de Patricia Bullrich, de quien aprendió el ABC de la brutalidad y el alarde de la criminalización de la protesta social. Cuenta con amplia colaboración: sus dichos y modos son aplaudidos y difundidos por medios y mediadores que no preguntan, que no cuestionan, que no vacilan. En varias de esas entrevistas que parecen pautadas, Monteoliva dijo que los que tiraron bombas Molotov, esos que “la pudrieron” el miércoles, eran los mismos integrantes de organizaciones “antifa”, “barras bravas” y “anarquistas” que hicieron desmanes en otras movilizaciones, y puso el acento en el patrullero incendiado del 12 de marzo de 2025. Pero vamos al detalle y a la historia reciente.

Estaba prevista una concurrencia masiva frente al Congreso de la Nación por la expectativa de la posible media sanción en el Senado de la ley de reforma laboral. La CGT no convocó a paro y la plana mayor tuvo un paso tan fugaz por la plaza que solo quedó tiempo para una foto antes de que los capos sindicales se volvieran presurosos a sus casas. Algunos sindicatos y organizaciones, sin embargo, tenían previsto llegar en columnas a las cinco de la tarde. Mientras tanto, partidos de izquierda, trabajadores sueltos, agrupaciones menores y los jubilados que están allí en solitud todos los miércoles, iban poblando los espacios hasta la llegada del grueso que, finalmente, nunca fue.

La razón fue simple: antes empezó una feroz represión, se disolvió la manifestación de los que ya estaban y se impidió la llegada del grueso, básicamente por cinco tipos, rodeados de unos veinte que se acercaron como moscas en merodeo. Esos cinco, de rostros cubiertos con cascos, pañuelos y máscaras, manos con guantes y mochilas flamantes sobre sus espaldas, arrancaron picando como mazas -llevaron hasta mazas, sí- cordones y baldosas. Luego, en estudiado movimiento y escudándose con maderas, llegaron al centro de la calle, por entonces desierta. A treinta metros, un gran cordón humano de policías con escudos y cascos, cruzaba de lado a lado la avenida. Detrás, un hidrante listo, y cada policía con sus bombas de gas listas para ser disparadas. Podría haber sido una batalla épica, pero no.

Los parapetados detrás de las maderas, con un dron sobrevolando sus cabezas que dejó registro del segundo a segundo en tiempo real para un canal de noticias, que no evitó incluso los primeros planos, abrieron mochilas, sacaron un bidón, botellas, trapos y embudos y empezaron a armar ahí, casi como en una de esas explicaciones de “hágalo usted mismo” del viejo canal Utilísima, unas bombas Molotov. Arrojaron tres o cuatro hacia el cordón policial, que parecía impávido. Tan desganados estaban que si bien encendieron el camión hidrante, el chorro de agua, débil e intermitente, nunca dio en el blanco que era directo y sin interferencias. Nunca. Lo mismo pasó con los gases que, de pronto, tuvieron tan mala puntería que dieron en los laterales y sobre otra gente, la que solo miraba. Luego, en perfecta formación, los “terroristas” desarmaron el parapeto y se perdieron en las calles sin que ni el dron, ni las cámaras de las esquinas, y ni hablar de la misma policía, los siguieran.

Clarín on Instagram: "ASÍ ARMARON UNA BOMBA MOLOTOV EN EL CONGRESO 💣 Un grupo de cinco personas fue captado por las cámaras de televisión cuando armaban bombas Molotov en medio de la marcha en contra de la reforma laboral para luego arrojársela a las filas de efectivos de Policía Federal y Gendarmería formados detrás de la valla de contención ubicada sobre la avenida Entre Ríos, bloqueando el paso de quienes marchaban por avenida Rivadavia."

Nada más se supo de ellos, hasta que apareció Monteoliva en la televisión. Para entonces, y con reflejos muy tardíos, la policía salió a cazar al voleo a quien se le cruzara, y detuvieron a unos setenta perejiles para la estadística; y casi 600 tuvieron que ser atendidos en postas sanitarias por heridas de balazos de goma o de gas pimienta. La misión estaba cumplida, la marcha y manifestación se había desarticulado. En la plaza no quedó nadie. Los detenidos ya están libres porque la justicia mostró que fueron detenciones al voleo.

Los terroristas

Esos que Monteoliva dijo conocer, porque “fueron los mismos que quemaron el patrullero en marzo de 2025”, no fueron detenidos, ni el miércoles -porque si bien estaban rodeados de cana no eran “brigadas de detención” y además, para hacerlo, debían “correr vallas que pesan 103 kilos”- ni hace un año. Sin embargo, no dudó en decir que “estamos consolidando la información y vamos a denunciar por terrorismo. Una bomba molotov es una bomba, es un arma que tiene toda la intención de generar no solo muerte sino caos”. Sin embargo hasta ahora tampoco se conoció la identidad de los malhechores. ¿Cómo sabe, entonces, que son los mismos de siempre si ni antes ni ahora los detuvieron?

Clarín on Instagram: "El Gobierno identificó a cuatro manifestantes violentos en el Congreso, entre ellos, los que tiraron bombas molotov Alejandra Monteoliva, la ministra de Seguridad, hizo la difusión en sus redes los datos personales de los cuatro hombres que fueron identificados con entrecruces de bases y las imágenes de distintos medios de comunicación que cubrieron la protesta de este miércoles. Fueron identificados como protagonistas de los incidentes Matías Enzo Roldán, Federico Alberto Mazzagalli, Patricio Hernán Castellán y Denis Alejandro Figueredo. Más información en Clarín.com"

Luego de la liberación de los 71 detenidos, Monteoliva hizo un video señalando a cuatro personas como las autoras de los desmanes, y cerró con el slogan: “El que las hace, las paga”. Luego amplió el número de personas y circuló por medios y redes una lista de diecisiete varones acusados de “terrorismo”, con fotos de su participación en la manifestación a cara descubierta, imágenes comparativas de sus redes sociales, nombre y número de documento. Ninguno de esta lista que hizo circular Monteoliva y también replicaron presurosos los influencers de redes -que no dudaron en increparles otros delitos, como “pedofilia”- es alguno de los que arrojaron molotov. Ninguno. Tampoco se los ve, en las mismas imágenes que distribuyeron desde el Ministerio, en actitudes beligerantes ni con armas de cualquier tipo. De esos diecisiete, al momento de cerrar este artículo, habían apresado a dos lúmpenes en situación de calle que tenían antecedentes penales por robo. 

La ministra aseguró que se les aplicará la tipificación creada por la Ley Antiterrorista. “Acá hubo autores intelectuales y económicos. Por eso, lo que nos interesa es ligar a estas personas con organizaciones y con financiamiento: desde el que fue a la ferretería a comprar bulones y tuercas, hasta los que efectivamente realizaron estos actos vandálicos y de terrorismo”, dijo.

Estos varones, cuyos datos y rostros circulan hace 48 horas en todos los medios, estuvieron en la manifestación como miles de personas más. No hay seguimiento de sus acciones, por lo que la acusación parece endeble a menos que se aporten más pruebas. Varios de ellos aparecen en los videos, incluso, en actitud defensiva y de escape cuando aparecen los molotovers

Incluso el primero de los capturados fue “descubierto” de un modo bastante "sui generis" por la Policía de la Ciudad mientras dormía en un cajero automático de la ciudad de Buenos Aires y vestía las mismas ropas que se puede apreciar en los videos de la manifestación. Un “ du role” poco compatible con el de un terrorista que se organiza para romper una manifestación agrediendo a la policía con bombas incendiarias.

Deberá dirimirlo la justicia, pero no dejan de llamar la atención algunos datos curiosos que hacen pensar que hay un método distractivo en esa suerte de cacería random, para atribuirle a unos lo que hicieron esos otros, de los que nada se sabe (aunque “son los mismos”)

¿Infiltrados?

En el despliegue de imágenes de la jornada asoman varias curiosidades que marcamos: la parsimonia de los revoltosos, la indumentaria y la huida sin que nadie los moleste y el dejar hacer de las fuerzas de seguridad. En su paso, dejaron cada cierta cantidad de metros bolsas con bulones, tuercas y clavos miguelito, por si alguien quería redondear la tarea. Organizados los muchachos.

En la retaguardia de los que arrojaban bombas se vio con claridad a un personaje recurrente en las manifestaciones de los jubilados de los miércoles. El 12 de marzo de 2025, esa jornada en la que los clubes de fútbol adhirieron a los reclamos de la tercera edad, también estuvo este joven que no pasa inadvertido: siempre lleva una enorme pañoleta naranja con la que cubre su cabeza y que lo hace parecer, también por su altura, un fósforo andante visible desde lejos.

Tan visible que hasta parece deliberado ese color en un mar de negros y grises. Se llama Fidel, y en sus redes sociales él mismo subió fotos de la quema del famoso patrullero en esa jornada, en la esquina de Avenida de Mayo y Santiago del Estero, sin que quede claro si era un espectador o un actor del hecho.

En esta ocasión, y con la misma pashmina, apareció detrás de los hombres del parapeto y las bombas, gritando: Aguanten, aguanten!, una expresión de aliento común entre los efectivos policiales a la hora de repeler embates. Al recorrer sus redes sociales lejos está de parecerse a un miembro de alguna fuerza represiva: se declara anarquista, punk y aparece en algunas fotos casi de asalto al lado del Padre Paco Olveira. Muchos descartarían entonces la idea de “infiltrado”, salvo que conozca la historia de decenas que por años simularon una cosa y eran otra, desde el famoso Iosi en la AMIA hasta el periodista de izquierda Américo Balbuena, que durante dos décadas se lo creyó un hombre de prensa comprometido con la defensa de los derechos humanos y no era más que un “pluma” de la Federal, fuerza a la que había ingresado en la dictadura. Nadie está hoy en condiciones de asegurar tal especie en ese universo poblado de grises y mucho menos estos dos cronistas, pero no deja de llamar la atención.

Uno al que sí se lo puede ver armando las molotovs y rompiendo baldosas con una maza recién comprada en Easy es un morrudo cincuentón de remera negra, máscara antigases y pantalones de recolector de residuos urbano que se preparó prolijamente antes de salir a escena detrás de un kiosco de diarios ubicado a metros del lugar donde se produjeron los incidentes. La imagen -inédita hasta ahora- fue captada por un manifestante con mucha experiencia en movilizaciones y suministrada a estos cronistas a través de un intercambio de mensajes por redes sociales. ¿Se animará a identificar Monteoliva y sus “investigadores” a este muñeco?

Secuencia fotográfica donde se puede ver con claridad a uno de los “manifestantes” que participó del armado de las molotovs y la rotura de baldosas con una maza.

La cuestión del “anarquismo” y sus adherentes, como referentes de caos en manifestaciones no es nuevo: lo impuso Patricia Bullrich desde 2015 en adelante. Muchos recordarán la ocasión en que también se rompió una marcha en ese año por la incursión de mujeres y varones, vestidos de negro de cabeza a pies que pintaban A de Anarquismo dentro de corazones rojos, y gritaban para identificarse entre sí: “Uno, uno, uno!” Sin que se conozca nunca, ni antes ni después, que organización llevaba ese nombre ni quienes la integraban, pues tampoco fueron apresados a pesar del tiempo que tuvieron disponible para hacer lo suyo en medio de Avenida de Mayo. 

Más acá en el tiempo, en ocasión del debate por la ley bases en 2024, fue la quema del automóvil del medio cordobés Cadena 3, también a metros de un cordón policial que no intervino. Con un aerosol personajes totalmente tapados pintaron una A antes de prender fuego y de que aparezcan dos hombres en un Corsa Gris con la patente dada vuelta, a revolver los restos del coche incendiado para irse luego, muy campantes, a estacionarse al lado de un hidrante. Raros anarquistas estos.

¿Qué no hay movimientos anarquistas en Argentina? Si los hay. Dispersos, de pocos integrantes y escasa formación que podrían pasar por marginales un poco rotos más preocupados por el pogo en un recital que en otras cuestiones. Algunos se juntan, incluso, en un centro cultural de Barracas donde hacen teatro, dan talleres de costura y tienen una pequeña biblioteca. Alguno que estuvo y se fue los describe como “anarcos comprados en Temu”.

Monteoliva mezcló en su cóctel -que no es Molotov- anarquistas, con barra bravas y “antifas”. Los barra bravas son historia antigua, se los acusó de los desmanes de marzo de 2025 cuando algunos clubes decidieron apoyar el reclamo de los jubilados, sin que el Ministerio -que los tiene totalmente identificados- pudiese reconocer a alguno en la manifestación. Los “anarquistas” son de dudosa procedencia y los de “Uno”, por caso, parecían moldeados a la sombra de las oficinas de organismos del Estado. Los “antifas” son un nuevo misterio: no hay registro de organizaciones que se definan como tal, al menos organizadamente. 

Sin embargo no solo la ministra señaló con esas características a los que arrojaron bombas, también lo hicieron algunos de los “anarquistas” (no sabemos si de Temu) que contaron que esos cinco o seis que lanzaron las molotov son personajes que fueron a eso, que habían practicado previamente, que hicieron lo suyo y se fueron, que estuvieron “custodiados” por dos especie de patovicas que miraban de lejos y que efectivamente, serían de un grupo cerrado, sin difusión, sin alarde, de pocos integrantes que se dicen luchadores antifascistas y que van a “pudrirla” para mostrar el método con el que se combaten políticas antipopulares.

La lectura política del grupo puede ser discutible: hasta ahora eso de “pudrirla” solo benefició a los que pretenden, supuestamente, combatir. El miércoles impidieron la manifestación espontánea de trabajadores y jubilados, lograron que como consecuencia se reprima brutalmente a los que habían llegado temprano, consiguieron la cárcel para varios, y sobre todo, que el foco mediático esté en ellos y lejos de lo que se debatía en el Senado, que finalmente y entre otras cosas, sin presión de la calle ya diezmada, lograron la votación positiva pasada la medianoche. Un método, a todas luces, poco eficaz a sus fines, y excelente para los ajenos. A menos, claro, que unos y otros sean los mismos.

Fuente: DC

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