“La Canción de Orfeo”
Orfeo volvió a cantar en Venado Tuerto, pero su música no escapó a las sombras de 1929.
La Escuela Municipal de Teatro Musical irrumpió en el Centro Cultural con “La Canción de Orfeo”, una puesta que desarma la mitología para incrustarla en la crisis.
Más de cuarenta cuerpos en escena sostuvieron un relato que no consuela: Orfeo y Eurídice se buscan entre puertas que llevan al inframundo, mientras los trabajadores cantan su destino.
La dirección de Andrea Oviedo y Alfredo Diale eligió un bar de 1929 como escenario, un espacio donde la música se mezcla con la desesperanza de la crisis.
La orquesta en vivo, dirigida por Claudio Penacino, no fue acompañamiento: fue engranaje, respiración, parte del mismo cuerpo que se hundía y emergía con cada canción.
Marcos Eterovich encarnó a Orfeo con la fragilidad de quien porta un don que no alcanza; Virginia Calaianov dio voz a Eurídice, y su interpretación de “Flowers” quebró la platea.
Hermes, el mensajero, tuvo la voz de José Galante; Perséfone apareció en la fuerza de Verónica Luetich; Hades se hizo presente en la interpretación de Daniel Adra; y las Moiras —Agustina Saavedra, Dolores Rodríguez y Marianela Rodríguez— recordaron que el destino también se canta.
El ensamble de trabajadores fue el verdadero coro trágico: unidad, precisión y energía colectiva que devolvieron al mito su raíz social.
Las luces, portadas por los propios actores, abrieron grietas de belleza en medio de la oscuridad, como si cada gesto iluminara un fragmento de memoria.
El final conmovedor hizo temblar al teatro entero: ovación de pie, aplauso cerrado, reconocimiento a cada artista que se atrevió a cantar en medio de la crisis.
Pero la obra deja abierta la pregunta: ¿qué canción nos salva cuando el territorio se hunde? La ovación no borra la herida, apenas la señala.
Fuente: Redacción - PM