
“Doce horas en moto para no llegar”
Un cadete habla. La ciudad escucha… ¿o finge que no?
Juan Médica, movilero de La Vereda (x donde todos pasan) de la Radio de Mil9, entrevistó a Nico Amaya, cadete que nos cuenta cómo se gana la vida.
Nico Amaya arranca la moto cada mañana como quien enciende la jornada de toda una ciudad. El motor vibra, las calles se abren, y el oficio se convierte en supervivencia. Doce horas de trabajo, viajes de 2.500 pesos, un millón y medio que nunca se alcanza. La moto es herramienta y condena: cubierta que se gasta, aceite que se consume, repuestos que nunca llegan a tiempo.
“Hasta que no se inunde todo, no van a hacer nada”, dice, mientras recuerda cómo dos gotas bastan para que el centro se convierta en río. Los barrios, en cambio, resisten con calles de tierra que se endurecen con el calor y se ablandan con la lluvia. El cadete lo sabe: cada viaje es cálculo, cada jornada es apuesta.
La ciudad se refleja en su relato: vecinos que reclaman y se quejan, autoridades que escuchan y olvidan, un sistema que exige movimiento constante. Nico no exagera: “No se llega. No se logra”. Y sin embargo sigue, porque detenerse sería renunciar.
La moto avanza entre charcos y reclamos, entre aplausos y silencios. Es metáfora de una juventud que pedalea o acelera para sostener la vida, mientras la dignidad se mide en kilómetros recorridos.
La entrevista es advertencia: la ciudad se sostiene en piernas y motores invisibles. ¿Cuánto más vamos a dejar que se ahoguen antes de reaccionar? La moto de Nico no es solo vehículo: es el pulso de una ciudad que corre, se inunda y sobrevive… aunque nadie quiera mirarla de frente.
Fuente: Redacción