
Juana: “En 40 años de comercio nunca estuvimos tan mal”
“Las ventas son muy pocas, todo con tarjeta. No hay efectivo, los productos aumentan cada semana y la gente ya no compra golosinas porque están carísimas.”
En diálogo con La Vereda, Juan Médica, movilero, entrevistó a Juana, comerciante con casi 40 años de trayectoria en el barrio. Su diagnóstico fue contundente: “Nunca estuvimos tan mal como ahora. Las ventas son muy pocas y todo se maneja con tarjeta. No hay efectivo”.
La comerciante del barrio relató en La Vereda la crisis que atraviesan los pequeños negocios: ventas mínimas, predominio de tarjetas, precios en alza y un barrio golpeado por la inseguridad y la falta de movimiento.
Juana explicó que los clientes compran solo lo indispensable: “Pan, alguna verdura, artículos básicos. Las golosinas se vinieron abajo, un caramelo cuesta 100 pesos. La gente ya no puede darse esos gustos”.
Señaló que los negocios pequeños se ven desplazados por los supermercados chinos, donde se concentra gran parte del consumo con tarjeta. “No es que vendan más barato, pero ahí compran con tarjeta y nosotros vamos decayendo”, lamentó.
La comerciante también describió la situación de los sectores más vulnerables: “Los jubilados están muy mal. Con 400.000 pesos no alcanza para nada. Los albañiles también se quedaron sin trabajo. La gente viene y te dice que no tiene plata, que no llega. Yo no doy fiado, salvo a algún vecino que sé que me paga, pero la necesidad es enorme”.
Sobre la evolución de su negocio, recordó: “Empecé con un kiosco para poder estar en casa con mis hijos. Después fui sumando mercería, librería, despensa. Hoy solo me quedé con la despensa, algo de verdura y artículos de limpieza, porque lo demás no se puede sostener”. Además, remarcó que los precios aumentan todas las semanas: “Siempre algo sube, arroz, yerba, gaseosas. Nunca se mantienen”.
La inseguridad es otro factor que afecta al barrio: “A cierta hora tenés que cerrar y atender por la ventana. No podés arriesgarte. A las 8 de la noche ya no anda nadie. La gente está más adentro de su casa”. Juana contó que ayuda a una vecina discapacitada y jubilada que no alcanza a cubrir sus necesidades: “Todos los días le doy una tira de pan, una fruta. Hay mucha gente que pide, mujeres solas que venden lechuga, facturas, pan casero. Eso se multiplicó”.
Finalmente, cuestionó la falta de apoyo del municipio: “Nunca vinieron a visitarme ni a incentivar el comercio. El barrio está decaído, sin movimiento, y los comerciantes estamos cada vez más solos”.