Ciudad Escuchar artículo

“Un kiosco abierto, una ciudad acelerada”

Un Maxiquiosco que nunca cierra revela las tensiones de una sociedad que corre a mil por hora.

“Un kiosco abierto, una ciudad acelerada”

Un Maxiquiosco que nunca cierra revela las tensiones de una sociedad que corre a mil por hora.

Juan Médica, movilero de La Vereda (x donde todos pasan) de la Radio de Mil9, entrevistó a Gonzalo Castro, empleado de un Maxiquiosco 24 horas.

Gonzalo Castro atiende detrás del mostrador de un Maxiquiosco que funciona las 24 horas. Su voz mezcla gratitud por la ubicación privilegiada con la crudeza de un oficio atravesado por burocracias, ordenanzas y una clientela cada vez más alterada.

“El fuerte de un 24 horas es la noche”, explica, pero la prohibición de vender alcohol golpea las ventas y genera roces con los clientes. Algunos se conforman con cigarrillos, papitas o un sándwich de milanesa; otros reaccionan con enojo, incluso violencia. “La gente cree que es capricho de uno, no lo entiende”, dice.

La conversación se abre hacia la sociedad: “La gente está acelerada, se ha perdido la escucha entre vecinos. La economía no mejora, la macro se acomoda, pero la micro no se refleja”. Gonzalo apunta a los impuestos nacionales —ganancias, monotributo, ingresos brutos— como un peso que no se alivia con reducciones municipales mínimas.

Aun así, reconoce cierta suerte: la ubicación céntrica asegura movimiento constante, algo que no todos los kioscos 24 horas pueden decir. “No es la misma situación de los que están más alejados. Nosotros tenemos suerte, pero la realidad golpea igual”, resume.

El testimonio de Gonzalo desnuda la paradoja: un kiosco abierto todo el día y toda la noche, pero una sociedad que se cierra sobre sí misma, acelerada, sin escucha, atrapada entre impuestos y prohibiciones. La persiana nunca baja, pero la pregunta queda abierta: ¿qué ciudad se construye cuando la economía obliga a estar despiertos las 24 horas?

Fuente: Redacción

Volver arriba